La niña
Genie de 13 años, fue aislada severamente por su padre del contacto humano y en
definitiva del mundo que le rodeaba debido a que él pensaba que padecía una
discapacidad. Durante el aislamiento estuvo encerrada en
su habitación, obligada a sentarse en una silla con orinal, y su
campo visual estaba limitado por las cuatro paredes de su cuarto. Por haber
estado tanto tiempo atada a la “silla con orinal”, no tenía fuerza en las
piernas, por lo que no podía correr, subir escaleras, agacharse, de hecho, sólo
podía andar y con mucha dificultad. También, como nunca había mirado a una
distancia mayor de tres metros, tenía grandes problemas para enfocar a mayores
distancias, durante su cautiverio tenía prohibido hablar o emitir sonidos. Su
padre le golpeaba salvajemente y únicamente fue alimentada con alimentos de
bebes y huevos cocidos.
Cuando la
asistente social vio a la niña, observó que aún usaba pañales y sólo transmitía
sonidos infantiles, y pensó que se trataba de una niña de 7 años con
problemas de autismo, pero cuando se dio cuenta de que tenía 13
años, inmediatamente la niña fue custodiada y los padres fueron
acusados por negligencia y maltrato infantil.
Este caso
tuvo una gran difusión mediática y puso en alerta a toda la comunidad
científica del país, era el caso más extremo que un científico había visto
hasta ese momento. Realmente se trataba del experimento prohibido, fue llevada
al hospital infantil de Los Ángeles, donde se ganó el corazón de todos los
médicos y científicos, ya que era frágil, inquietante, misteriosa y muchos de
ellos se ilusionaron con la niña caminaba de una manera muy extraña, casi
inhumana, escupía, arañaba, apenas podía hablar u omitir sonido alguno, no
había aprendido a vocalizar, tenía la capacidad innata de conectar con la gente
y llegaba al fondo de las personas sin decir nada, simplemente, por la mirada.
Una de las cualidades de Genie era la capacidad intensa de explorar su nuevo
mundo, lo hacía a través del tacto, se colocaba las cosas cerca de
la cara, como si fuera ciega o como si fuera un niña en los primeros meses de
vida. Tampoco reaccionaba con la temperatura, pues no sabía distinguir entre
caliente y frío.
La Licenciada
en Aprendizaje de la Lengua, psicólogo, y psiquiatra y experto en
aislamiento social, formaron parte del equipo de rehabilitación
de Genie. Éstos fueron las primeras personas que empezaron su labor de
aprendizaje. Posteriormente, se unieron más científicos tratando de resolver el
extraño caso. Se utilizaron los equipos más especializados para medir sus ondas
cerebrales mientras dormía, y se comprobó que la parte
del hemisferio izquierdo que es el encargado del lenguaje, el análisis y la
lógica, estaba atrofiado. Sin embargo, los ejercicios de memoria espacial, le
daban una puntuación normal en adultos. Este estudio planteó una duda la cual
sería una tarea muy difícil de resolver, que si era
retrasada de nacimiento o lo era por su aislamiento; es una cuestión
que hasta ahora sigue abierta.
La
adolescente fue adoptada por la familia del psicólogo Kent, creyéndose
que mejoraría si se le permitiese entablar relaciones y se le
animase cuando empezara hacerlo. Su padre adoptivo se encargaba del aprendizaje
emocional, mientras que la Licenciada en
se encargaba en el Aprendizaje de la Lengua. En los primeros años
parecía que evolucionaba y progresaba. Aprendió a pronunciar su
primera palabra “doctor”, fue una de las primeras palabras que dijo.
En su
segunda familia, donde se consideró que logró su desarrollo más
significativo. Dicha familia prohíbe las visitas de los científicos porque
consideraban que la investigación con la niña estaba siendo objeto de la
ciencia más que de buscar su desarrollo integral como persona. Una
de las tareas más importantes de esta familia fue el despertar su
contacto con el mundo físico, utilizando elementos del lenguaje para descubrir
elementos del pasado. Como utilizaba muchos gestos le enseñaron el
lenguaje de los signos.
Cuando se
estrena la película de “El niño salvaje”, coincide con el caso de Genie y son
muchos los investigadores y científicos que se entusiasmaron con este nuevo
caso, hasta tal punto que “El Instituto Nacional de Salud Mental” estuvo
de acuerdo para constituir un proyecto científico para Genie, lo que supone una
gran oportunidad para avanzar en el estudio sobre el lenguaje y el cerebro
humano, y fue sometida a decenas de pruebas durante varios meses, con un valor
más experimental que terapéutico.
Sin
embargo, pasaron los meses, los años y las esperanzas empezaron a derrumbarse
no era capaz de conectar las palabras y asociarlas para hacer una pregunta
correcta, y aunque su tratamiento de lingüística progresaba los resultados
no eran como en un principio se había creído. Durante varios años este
caso no tuvo una directriz en la investigación, debido a esto y al
dinero que habían invertido para el estudio del caso, el l Instituto Nacional
para la Salud Mental decidió quitar la subvención.
Finalmente,
Genie volvió con su madre que en ese momento ya estaba absuelta de cargos, pero
a su madre le fue imposible el mantenimiento de su hija, lo que causó que su
hija fuera adoptada y pasara por 6 hogares distintos y en alguno de ellos fue
objeto de castigo, de maltrato y violencia. Todo esto repercutió en el
desarrollo evolutivo y emocional, hasta tal punto que hubo un retroceso en el
aprendizaje, ella no volvió hablar y sólo se limitó a su lenguaje.
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